Mi nombre no es tan importante como mi historia, pero en últimas hace parte de lo que soy. Soy Daniela Velásquez Salamanca, estudiante de segundo semestre de comunicación social en la Pontificia Universidad Javeriana.
Todo comienzo tiene un final, todo final no siempre es feliz, la felicidad nunca es plena. Vivir plenamente no implica llevar una vida sumida en las drogas, el alcohol y demás placeres mundanos que se ven encaminados en la mayoría de los casos a afectar la fisiología y la fisionomía del ser humano, simplemente comprender que la lógica de la vida es compartir. No soy de las personas que hablan por hablar, de las que piensan más de lo que dicen, no soy igual a los demás. No me conformo con lo poco, siempre aspiro a mas y a lo mejor; no me creo mejor que los demás pero si demuestro que te puedo ganar; defectos como todos, pero cualidades como ninguno. Soñadora (si, pero con los pies en la tierra), emprendedora (tal vez un poco ambiciosa) y honesta (demasiado, en muchas ocasiones puedo llegar a herir a las personas por decir lo que pienso).
Muchos creen que la edad enmarca la experiencia, la sabiduría, la madurez. En mi opinión a mis cortos 17 años he sabido lo que es la vida, el amor, la amistad, el estudio, la familia y demás características que pueden definir la vida misma. Tal vez como típica bogotana, acreedora de innumerables complicaciones en su entorno. Para bien o para mal, ésta ha sido la sociedad en la que me estoy desenvolviendo.
La infancia es una de las etapas que menos recuerdo. Sin embargo, a través de los años mis padres se han encargado de refrescarme la memoria contándome aquellas anécdotas pasadas mías y de mi familia. Dicen que desde que era muy pequeña hablaba diferente a todo el resto de los niños: sin sonar consentida, vocalizado y muy claro se me entendía todo. De pronto por esto es que comenzó la idea de estudiar Comunicación social. También me han dicho que, cuando no me daban lo que quería, hacia rabietas hasta obtener lo que deseaba, como muchos niños pequeños suelen manipular a sus padres con el llanto. Algo muy curioso que me conto mi madre hace poco tiempo es el cambio de colegio de uno mixto a uno femenino a causa de el beso de uno de mis compañeros hacia mí (creo que desde allí comenzó mis fallidos intentos en el ámbito amoroso).Según lo que me relato mi mamá por esta razón y por el cambio de vivienda de la casa de mis abuelos a la casa en la que actualmente estoy viviendo fue realizado el cambio de institución educativa. Actualmente vivo en la ciudadela colsubsidio junto con mis padres y mi único hermano, el cual es mayor cuatro años. A partir de tercero de primaria pase del Colegio Mixto DAS al Colegio María Inmaculada en el cual termine mis estudios. Amistades en este colegio que actualmente siguen son pocas, pero muy importantes en mi vida. Recuerdos imborrables en mi memoria y en mi corazón de todos aquellos momentos compartidos junto a estas personas y vividas en ese colegio.
Mi desarrollo intelectual en el colegio fue bueno, pero siempre tuve problemas disciplinarios a la hora de acatar ciertas normas del manual de convivencia. Por ejemplo, mi falda del uniforme de diario nunca lo tuve como allí decía, ya que como institución católica y de religiosas era obligatorio usar una falda larga hasta la rodilla, la mía era mucho más corta .Por lo cual, siempre tuve ciertos roces con profesores y alumnas de cursos inferiores.
Hace pocos meses entendí la vida de otra manera. Comprendí que la vida es tan corta, que cuando la muerte llega lo único que puedes hacer es afrontarla. Nunca se nos llega a cruzar por la mente que algún ser querido en algún momento nos vaya a faltar, mucho menos aquella persona que tanto admirabas. Creemos tener el mundo a nuestros pies, vemos que las tragedias solo le ocurre a los otros, pero en realidad cuando algo malo nos ocurre logramos entender que nadie está exento a esos sucesos. La muerte de mi tío, marco radicalmente mi vida. Partió en dos mi concepción de vida y de familia. Las lágrimas, las palabras, el duelo nada de eso logra definir el dolor que uno puede llegar a sentir por la muerte de él. Este hecho hizo que mi familia se uniera, que yo cambiara mi forma de pensar y me diera cuenta de lo realmente importante. Asumir la vida como la realización de actividades para satisfacer caprichos y sentir emociones extremas, ver la familia como un agente ajeno. Porque tengo que admitir que mi concepto de vida y de familia era totalmente errada, ahora reconozco el valor de la vida y sobretodo de aquellos seres que no solo conforman mi familia sino que son los únicos que realmente quieren lo mejor para uno.
Mi vida sentimental es realmente deprimente, porque desde que recuerdo los novios que he tenido nunca hemos durado. Es particular ver en mí que me parezca chistoso esto, tal vez sea bueno pero en ocasiones puede llegar a ser demasiado triste. Aunque no me preocupa ni me asusta la soledad siento que todavía me falta conocer muchas cosas frente a las relaciones amorosas y en si acerca del amor. Como la gran mayoría a mi edad, también me he enfrentado al desamor, a la llamada “tusa”, a la soledad, al guayabo, etc. Finalmente, experiencias, errores, costumbres, momentos y demás me han servido para ser lo que soy. Orgullosa de mi personalidad, mi pensamiento y mi físico estoy segura de que todo lo vivido ha hecho en mí grandes cosas y sobretodo tengo claro que me falta mucho más por conocer, aprender y vivir que harán de mí una mejor persona.
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